Había una vez una estancia de un español millonario llamado Fernando, que estaba muy alejada de la ciudad. Ésta era una de las más grandes del país. Allí vivía Fernando con su familia y un empleado pobre que se llamaba Miguel. Era muy humilde, trabajador, con una larga barba, de estatura baja y sin familia.
Un día cuando estaba saliendo de su miserable casa que apenas tenía una cama, vio apoyada en un árbol una bicicleta. Fue a buscarla, la agarró y la arregló porque estaba oxidada, desarmada y le faltaban varias partes. Ese fue el mejor día de su vida. A la semana siguiente el patrón lo mandó a hacer las compras al pueblo en su bicicleta. Cuando estaba en la mitad del camino un perro le mordió el pié y se cayó de la bici pero ella utilizó sus poderes y le dijo –“hacé el último esfuerzo de subirte que yo te llevaré”. Miguel lo hizo y llegó hasta el hospital.
El jefe estaba muy enfurecido porque su empleado no llegaba y lo despidió sin saber que tenía una herida.
La bicicleta se preocupó para buscarle otro trabajo y le consiguió uno mejor donde le dieron una casa y pudo tener su propia familia.
Genaro Ringa, 1º C
Un día cuando estaba saliendo de su miserable casa que apenas tenía una cama, vio apoyada en un árbol una bicicleta. Fue a buscarla, la agarró y la arregló porque estaba oxidada, desarmada y le faltaban varias partes. Ese fue el mejor día de su vida. A la semana siguiente el patrón lo mandó a hacer las compras al pueblo en su bicicleta. Cuando estaba en la mitad del camino un perro le mordió el pié y se cayó de la bici pero ella utilizó sus poderes y le dijo –“hacé el último esfuerzo de subirte que yo te llevaré”. Miguel lo hizo y llegó hasta el hospital.
El jefe estaba muy enfurecido porque su empleado no llegaba y lo despidió sin saber que tenía una herida.
La bicicleta se preocupó para buscarle otro trabajo y le consiguió uno mejor donde le dieron una casa y pudo tener su propia familia.
Genaro Ringa, 1º C


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