domingo, 31 de mayo de 2009

La estatua del Castillo de Blackwood - Facundo Irasola



Erase una vez y mentira no es, un soldado medieval llamado James Blackwood que vivió en un castillo lejano. Era muy malvado porque con sus hombres mataba a los sedientos, incendiaba las aldeas de los pobres y torturaba a sus esclavos. Pero un día un mago llamado Gandalf lo convirtió en una estatua, que tenía una escritura que decía: El que me derrote se quedara con el trono de mi castillo. Y sus tropas habían sido esclavas de la Parca. Y el conjuro era tan poderoso que hasta el mago se convirtió en estatua. Y desde ese día quedo esa leyenda.
Al pasar 100 años, un príncipe llamado Caspian lo quería enfrentar para ir al trono. Así que el príncipe marcho con 300 hombres al castillo lejano. Se habían enfrentado a muchas bestias sobrenaturales por lo que el príncipe fue el único que había llegado al castillo a salvo. Al llegar, las enormes puertas antiguas se abrieron automáticamente. Al entrar, el príncipe, desenvaino su espada y comenzó a buscarlo. Cuando se acerco a la puerta de la habitación en la que estaba Blackwood, estaba la estatua de el mago Gandalf tal como la leyenda decía. Cuando entro estaba ahí la estatua, se coloco enfrente de el, y comenzó a vivir. La estatua decía solo unas palabras: “Maldito mago”. En la batalla el príncipe tropieza contra una roca y la estatua había logrado matarlo. Pero de repente, el mago ataco por atrás a la estatua derrotándola. Así, el mago había quedado en el trono y había reciclado todo el castillo con última tecnología y limpio el camino del castillo de las bestias sobrenaturales enviándolas al centro de la tierra. Y al príncipe lo había revivido el mago y se caso con una bella princesa de mucho dinero que vivía en una mansión en un country privado. Cuento contado ya se ha acabado y por la chimenea se va al tejado, aquí se acaba este cuento como me lo contaron te lo cuento, y se acabo este cuento con sal y pimiento.


Facundo Irasola, 1º C

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