lunes, 15 de junio de 2009

El libro encantado- Mercedes Elizalde



En un viejo pueblo del cual no recuerdo el nombre, vivía un escritor llamado Gonzalo Gonzáles. Estaba escribiendo un libro llamado “En un millón de lugares”.
Un día como cualquier otro, Gonzalo estaba terminando de escribir su obra cuando de repente, se empezó a abrir un agujero en el libro que lo atraía y, se lo tragó.

Habían pasado doce años de aquel episodio de Gonzalo Gonzáles y ahora se presentaba nuevamente.
En el orfanato de esta ciudad, vivía Mario, un chico de doce años que era discriminado por todos por gordo y enano. Ahí le habían dado la tarea de buscar información sobre su pueblo. Esa misma tarde fue a la biblioteca más antigua del lugar a buscar lo que necesitaba. Le llamó la atención un libro que brillaba y, atraído, fue a buscarlo.
Miró el titulo, era “En un millón de lugares”. Lo abrió y al momento, se empezó a abrir un agujero, que acabó tragándoselo.
Cuando estaba cayendo por el agujero, se dio cuenta que su forma física estaba cambiando. Se estaba poniendo más delgado y más alto. Cuando aterrizó, miró alrededor. Era un lugar que no conocía, empezó a caminar y encontró a un topo. Pero no era un topo cualquiera, éste tenia alas y podía ver, a diferencia de los demás topos, que son ciegos. -¿Qué haces acá? Preguntó el topo. Mario le contó su historia, mientras el animal parecía perdido en sus pensamientos. -Bueno… te ayudaré, dijo el topo. ¿Sabes que te puedes convertir en lo que tú quieras? Sólo piensa en lo que quieras ser. Mario pensó con todas sus fuerzas convertirse en topo. Y comenzó a marearse y a sentir la transformación. -Y habiéndote convertido, puedes pedir tres deseos. -Quiero encontrar a mi padre, pidió Mario. Pasaron unos minutos sin que ocurriera nada, entonces el chico convertido en topo, creyó que los deseos eran mentira. -¿y tú que pediste? Preguntó. -Pedí recuperar a mi hijo, dijo el topo -¿Tú tenías un hijo? -Sí, dijo el animal y empezó a contar: Hace unos doce años, yo era un famoso escritor llamado Gonzalo Gonzáles… -¡Mi apellido es Gonzáles!, ¡y tengo doce años!, dijo Mario.
- Puede ser una coincidencia, deja que termine, afirmó el topo. …Que estaba terminando de escribir este libro, cuando se empezó a abrir un agujero, que me tragó. Y supongo que eso es lo que te pasó a ti también.
-¿Puedes enseñarme el camino para salir?, preguntó Mario
-Sí, pero es muy difícil escapar de aquí. Hay siete salidas, dos llevan a una muerte segura, otras dos llevan a la perdición, dos llevan a un pozo sin fondo y la otra a la salida. Mejor no arriesgarse.
-¿Cómo sabes eso? Preguntó Mario convertido en topo.
-Porque yo soy el autor de este libro, respondió Gonzalo. Yo conozco a un duende muy sabio que podrá ayudarnos con estos problemas. Vamos a verlo. Caminaron un rato para el lado del arroyo que había allí. Entonces empezó a aparecer una casa muy poco cuidada y casi destruida. Afuera había un duende muy mal vestido.
-¡Hola, Quique! Saludo Gonzalo.

-¡Hola, Gonzalo! Saludó Quique,
¿Qué haces aquí?

-Tengo que hacerte una pregunta: Queremos saber si este topo y yo somos parientes.

-Mmm... Tendrás que preguntarle al dragón azul de la colina.

-Muchas gracias Quique, agradeció Gonzalo y se alejaron.

Gonzalo llevó volando a Mario, quien después de unos días, vio la colina donde vivía el dragón. Cuanto más se acercaban, más sentían un olor rancio.
Cuando llegaron, vieron a un enorme dragón azul. -Buenas noches -dijo con una voz ronca. Buenas noches- dijo Gonzalo. Necesitamos saber si nosotros –miró a Mario- somos parientes. -Muy bien- dijo el dragón. En unas horas, el dragón dijo: -Son padre e hijo. Tan contentos estaban Gonzalo y Mario, que celebraron una fiesta e invitaron a todos los personajes del libro y vivieron felices siendo topos como estaban. Y librín, librón, este cuento no se terminó.

FIN
Mercedes Elizalde, 1º B

No hay comentarios: