lunes, 22 de junio de 2009

Un gran héroe- Josefina Echenique


Como solía hacerlo habitualmente Penélope Campo una joven de tez pálida y ojos color café, salió de su casa para dar un paseo nocturno con su perra Flopy.

Una noche que parecía ser normal, terminó siendo su peor pesadilla. Cuando regresaba a su casa en la esquina la esperaban tres personas encapuchadas. Atemorizada, trató de correr, pero sus piernas no le respondieron.

En pocos segundos estos hombres la ataron, le taparon los ojos, la amordazaron y la metieron dentro de un auto, lo último que escuchó antes de que se cerrara la puerta fue un disparo y el aullido de Flopy.

Transcurrieron treinta minutos antes que el auto se detuviera. Cuando lo hizo, la bajaron rápidamente y la metieron en un enorme galpón, antiguo y sucio.

Los primeros dos días le dijeron que no tratara de escapar, que era un secuestro y que si su adinerada familia cumplía con lo acordado iba a salir ilesa. Tres veces por día escuchaba la palabra: ¡Comé!

El hombre que la custodiaba por la mañana era brusco y descortés, al igual que el de la tarde. El que estaba durante la noche tenía una voz cálida y era muy amable como si estuviera forzado a esta situación. En la tercera noche el hombre le sacó el vendaje y ella pudo ver a un joven de no más de 20 años con unos enormes ojos azules, y tuvo la oportunidad de ver el lugar en el que la mantenían presa. Luego, le sacó la mordaza diciendo:

-Mi nombre es Jacobo, lamento todo esto pero debe ser así.

Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas y las manos temblando.

- ¿Por qué hacés esto? Si lo lamentás dejame ir.-dijo Penélope, muerta de miedo.

Él con cara de pánico le respondió:

_Si yo te dejara ir, me matarían. Se que no tenés la culpa, pero no te preocupes en cuanto mis hermanos consigan el dinero te van a liberar. Al pronunciar las últimas palabras su voz se quebró.

Penélope se quedó callada. Minutos después Jacobo le entregó un plato con comida y ella lo aceptó, moría de hambre.

Transcurrieron siete días y Penélope y Jacobo se hicieron muy amigos, cada vez que a él le tocaba su guardia, le sacaba el vendaje y le quitaba la mordaza. Jacobo, ahora que había entrado en confianza, entre llantos le contó a Penélope que cuando ellos eran muy chicos su padre había sido asesinado, y se tuvieron que criar solos. Vivían en las calles, muertos de hambre, por eso era que sus hermanos se dedicaban a la delincuencia, guardaban mucho rencor por dentro. No eran como él, que había logrado superar el pasado.

- ¿Por que estás aquí entonces? -preguntó Penélope muy emocionada por el relato del joven.

Jacobo le respondió:

-Mis hermanos me creerían un traidor si no estuviera aquí. Según ellos un traidor merece la muerte…Se que pensás que soy un cobarde-dijo con los ojos llorosos.

Penélope comprendía a Jacobo, pero necesitaba a su familia y tenía mucho miedo de estar allí debido al maltrato de los otros hombres; estaba harta de ese lugar frío, polvoriento y oscuro (solo tenía dos pequeñas ventanas). Con esperanza, le dijo a Jacobo:

-Se que no sos un cobarde, y es el momento de demostrarlo, ¡por favor, dejame ir!

Para su sorpresa, la desató, y le dijo:

- Sos libre.

Ella salió corriendo, cuando llegó a la puerta, de madera muy antigua y despintada, miró hacia atrás y le gritó:

- ¡Gracias, sos muy valiente!

Buscó un taxi apresuradamente y se fue a la casa de sus padres, donde recibió el cariño que le hacía falta. Cuando la madre la vio, fue a su encuentro con una sonrisa de oreja a oreja, y la abrazó tan fuerte que no podía respirar, cosa que no le importó a Penélope, ya que se sentía a salvo. Luego, el padre la tomó de la mano y dijo:

_ ¡Gracias a Dios que estás a salvo! (las manos y los labios le temblaban al decir estas palabras).

Después de horas de mimos y besos, ya había oscurecido. Penélope tomó un baño para limpiar su cabellera llena de rulos rubios, que estaba llena de polvo, y luego se fue a dormir. Soñó con él, con ese joven y sus ojos azules.

A la mañana siguiente, cuando se despertó, su padre le hizo un rico desayuno y se lo devoró, le encantaba comer y no había comido rico desde hacía un largo tiempo. Luego de desayunar tomó el diario y en primera plana había una foto de Jacobo, inconfundible con ese pelo azabache. Debajo de esta decía que habían encontrado su cuerpo a las cinco de la madrugada en el Río de la Plata. Lo habían matado. Al leer estas palabras, ella sintió una puntada en el corazón.

Muy apenada por lo que acababa de leer empezó a escribir en un intento de desahogarse. Sentía que lo habían matado por su culpa.

Pasó días escribiendo, contando lo sucedido desde el día que la secuestraron hasta el día que llegó a la casa de sus padres sana y salva gracias al chico. También, mencionaba a Flopy, ese animal había sido una gran perdida para ella.

No se dio cuenta pero había escrito un libro y lo tituló: “Un gran héroe”, por la memoria de Jacobo. Este fue un éxito y ella se convirtió en una gran escritora. Siempre le iba a estar eternamente agradecida por haberle salvado la vida.

Josefina Echenique, 1ero. 2da.

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